La “hermandad” que escuece al ego

Con el paso del tiempo, poco a poco, voy comprendiendo e integrando ideas que van entrando a mi forma de ser y de vivir; una de las ideas que estoy integrando en los últimos meses es el concepto de “Hermandad”.

La profunda, la de verdad. No la de “boquilla”.

Me explico:

Cuando entras en esto que viene a llamarse la “Nueva Era”, que es una forma de llamar al cajón de sastre en el que acaban muchos occidentales que buscan algo “más allá” de lo que la cultura imperante y las religiones nos ofrecen en materia de sentido vital y sentido de uno mismo, cuando entras en este “movimiento alternativo” (por llamarlo de alguna manera), lo primero que te encuentras es un aroma muy seductor de compañerismo, de amor y respeto.

Uno de los “memes” de este colectivo de la Nueva Era es la idea de que “Todos somos Uno”, que “Todos somos hermanos” y, como tales, nos amamos mucho-mucho los unos a los otros.

Las sonrisas y el -aparente- Amor incondicional son la norma en cualquier actividad o grupo nuevaerista al que te unas; muchos nos llamamos “hermano” y “hermana” los unos a los otros en tono cariñoso, una de las razones por las que la gente de fuera del movimiento se puede llevar la impresión de que la New Age es una macro-secta internacional semi-organizada… Cosa que no dista demasiado de la realidad, por otra parte. (Aunque hay muchas excepciones y matices, pero esto daría para otro post diferente, y hoy no me voy a meter en ese berenjenal).

El asunto es que todos los de tu grupo de meditación, o de tus clases de reiki, o de tu curso de canalización del Arcángel Gabriel son muy hermanos tuyos, y “todos somos uno”… hasta que surge la primera desavenencia personal.

A la que hay un desencuentro personal o uno de los miembros discrepa sobre alguna máxima fundamental de las que basan el pensamiento dogmático-espiritualista, entonces el sentimiento de hermandad sale disparado por la ventana, y lo que antes era un grupo de personas supuestamente abiertas de mente, se convierte en un patio de colegio, y se lía una contienda –“desde el amor”– entre indios y vaqueros.

Es entonces cuando, a menudo, se ve el verdadero nivel de conciencia que había bajo las apariencias: es decir, el mismo “nosotros contra ellos”, el mismo “yo aquí y tú allí” que todos tenemos arraigado a fuego en la mente, desde hace milenios, por muy alternativos y espirituales que nos creamos.

La vieja separación de toda la vida.

Y cuando la diferencia aparece, ya no me apetece tanto llamar “hermano” a esa persona que me lleva la contraria, o que hace cosas con las que no estoy para nada de acuerdo.

¿Por qué?

Porque es mucho más difícil abrir el corazón a quien me muestra una parte de mí mismo que rechazo, que a alguien que comparte mis mismos valores y me dice que sí a todo.

A quien me refleja las partes de mí que acepto y me gustan, es fácil llamarle “hermano” y considerarlo como un “espejo” de mí mismo.

Pero… ¿y quien me refleja aspectos incómodos de mí? ¿A partir de qué momento dejó de ser mi hermano? ¿Acaso no somos hijos del mismo Padre? ¿Acaso no formamos parte del mismo gran Ser?

Lo que vengo integrando últimamente es que Hermandad es una palabra prácticamente sinónima de Unidad. Y que el Uno no tiene aristas sobrantes, ni excepciones, ni partes que no sean aspectos de ese mismo Uno.

Personalmente, me resulta relativamente fácil reconocerme hermana de Sergi Torres o Byron Katie, por poner un par de ejemplos de personas a las que admiro.

Pero también soy hermana de Belén Esteban y de Donald Trump.

…Y de todos los tertulianos que gritan en la TV.

…El director general de Monsanto también es mi hermano.

…El soldado que pilota ese avión que va regando estelas químicas en los cielos, también es mi hermano.

Y esa persona cercana que taaanto me toca las pelotas (con perdón), y de la que tanto me molesta lo que hace, también es mi hermana.

Las gaviotas, los ruiseñores, los árboles y el mar, son mis hermanos y los amo.

Pero las explosiones nucleares, los vampiros energéticos y el virus del ébola también son hermanos míos.

Todos somos aspectos o expresiones del Uno. Todos somos hermanos porque somos hijos del mismo Ser, que vive en nosotros y a través de todos nosotros SIN EXCEPCIÓN.
Y esto es Hermandad.

Mi ego humano puede sentir más o menos afinidad por unos hermanos que por otros, y no se trata de negarlo. Tampoco se trata de inhibirse de escoger entre lo que te gusta y lo que no.

Mientras estemos encarnados en este Universo de la dualidad, cada uno de nosotros se debe “mojar” y apostar, aprender a elegir entre Luz u Oscuridad, pero sin olvidar que ambas (Luz y Oscuridad) son dos mitades del mismo Gran Ser. Como en un gran juego cósmico de ajedrez.

Entiendo que de lo que se trata es de no perder de vista que esto es un Gran Juego, un laberinto teatral cuya salida y cierre del telón pasa por abrir el corazón y la mente lo suficiente como para sentir esta Hermandad grande y profunda con todos los aspectos de lo que llamamos Realidad. Sin ninguna excepción.

Y ahí vamos. Poco a poco, sin forzar, ni empeñarse demasiado. Como quien se despierta poco a poco de un largo sueño…

¿Y tú, cómo ves o sientes la palabra “hermandad”? ¿Qué significa para ti la expresión “Todos somos Uno”? Comparte tu visión en los comentarios… ¡crezcamos juntos!

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