«Infierno» y «cielo» son dos gafas de ver

La Realidad es siempre, en todo momento, compleja y multicolor, con muchos matices y facetas diferentes conviviendo en el mismo momento. Belleza, fealdad, tristeza, alegría, amor, odio, miedo, ilusión, pérdidas y ganancias… se mezclan a partes desiguales y componen el mosaico cambiante que llamamos «realidad».


Hasta que no conozcamos y sepamos controlar nuestros hábitos de pensamiento, tenderemos a fijarnos siempre en la misma gama de colores, tiñendo la Realidad Objetiva de un velo de interpretaciones repetitivas, que nos generarán reacciones repetitivas, y situaciones repetitivas.

Y diremos entonces que nuestra vida es de tal o cual manera, sin reparar en que no estamos viendo objetivamente, sino a través de unas gafas de un único color.

Esta cadena de causa-efecto que empieza en cómo percibo las cosas y acaba en las situaciones que genero en mi vida es, de forma resumida, algo así:

1- Mis sentidos perciben todos los estímulos y matices de una situación a la vez.

2- Mi mente selecciona en qué partes de la realidad se fija, y qué partes ignora. Ésta selección es inconsciente y aprendida.

3- Mi mente compara los datos que percibe -sin contar con los que ha ignorado- con los recuerdos almacenados del pasado (que también son percepciones sesgadas) buscando similitudes y diferencias, para poder entender lo que pasa, y saber si es «bueno» o «malo», seguro o peligroso.

4- Mi mente emite un veredicto o interpretación sobre lo que pasa.

5- Mi emoción reacciona en base a la interpretación que ha generado mi mente, generando una respuesta física que llama a la acción.

6- Actúo o decido qué hacer (o no hacer) en base a esa emoción.

7- Con mi actuación, basada en una emoción condicionada por una interpretación sesgada, genero una situación real y física que ¡OH, CASUALIDAD! confirma todas mis interpretaciones del pasado y fortalece un poco más esa manera de percibir, pensar, sentir y actuar.

8- Y repetimos…

 

La clave para liberarse de este ciclo infernal de repeticiones es sencilla pero laboriosa (lleva años de trabajo localizar y neutralizar todas nuestras fijaciones mentales).

Hacerse conocedor, y después Gobernador de las propias tendencias mentales es requisito indispensable para poder vivir una Felicidad madura, que no excluye las facetas «oscuras» de la realidad, sino que las abraza con sabiduría como parte del Todo, escogiendo enfocarse consciente y voluntariamente en aquellos «colores» o aspectos que nos aportan alegría y placer, sin huír de los que nos aportan incomodidad -a cambio de sabiduría-.

Y, cuando vemos que hay una tendencia de pensamiento muy fuertemente arraigada en nosotros y que con la mera fuerza de voluntad no conseguimos trascenderla, puede ser adecuado hacer un proceso de trabajo terapéutico para localizar el origen de esa fijación y neutralizarlo.

 

Y tú, ¿qué gafas de ver llevas puestas? ¿Qué tiendes a ver más fácilmente, lo «bueno» o lo «malo» de una situación? Comparte tu visión en los comentarios… ¡crezcamos juntos!

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