Resignación no es aceptación

Pasividad resignada NO ES aceptación.

La pasividad resignada se puede disfrazar consciente o inconscientemente de aceptación, pero venir motivada, en realidad, por el miedo a luchar.

La aceptación de cualquier situación incómoda, circunstancia, emoción, persona, cambio, pérdida, etc… si es una verdadera aceptación, viene tras una lucha.

Esta lucha puede durar 5 segundos o toda una vida, y puede ser externa (en actos) o interna (en pensamiento). Es un forcejeo contra lo que es, en el que se arremete contra las causas (imaginadas) de aquello que no se acepta, o se trata de huir de sus consecuencias presentes (las emociones que sentimos ahora) o consecuencias futuras (imaginadas también).

Es de la comprensión profunda de la inutilidad de esta lucha, tras ya haberse enzarzado en ella y haberla sufrido o estar sufriéndola en el propio cuerpo (angustia, contracción, frustración…) de donde brota la verdadera aceptación. La aceptación es una rendición de la mente al momento presente, con todas sus sensaciones y matices, tras haber intentado forcejear contra él.

Y es paradójico que, de este cese voluntario de la lucha, sea de donde pueda brotar la acción correcta y lúcida que, tal vez, haga que la situación cambie. Siempre de forma natural, sin empujones, y envuelta en aceptación y comprensión profunda: la comprensión de que todo viene de algún lado, y que la casualidad es una invención de la mente humana para no asomarse al terror de no conocer las infinitas causas encadenadas que desembocaron en este momento presente.

La aceptación, en resumen, es tirar las armas en mitad de la lucha y respirar, al recordar la humildad de que no sabemos nada de nada

 

Y tú, ¿qué tal te llevas con la palabra aceptación? ¿Qué es lo que más te cuesta aceptar? Comparte tu visión… ¡crezcamos juntos!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *