El tabú de ir a terapia

Yo no nací terapeuta. Ayer me acordaba del exacto momento, hace más de 10 años, en que pensé por primera vez que tal vez, «sólo tal vez», necesitaba ayuda profesional para superar mis problemas de pareja. (Tiempo después descubrí que mis problemas no eran sólo de pareja, sino que tenía graves problemas de autoestima, de ansiedad, de intimidad, de actitud vital, y unos cuantos más…)

Aquel día, y me recuerdo sentada (hundida) en el suelo junto al sofá tras una discusión con mi pareja, por primera vez pensé que «tal vez todo no era culpa de él», que tal vez yo tenía algún punto de responsabilidad en lo desbaratado de mi mundo emocional.

Fue un pensamiento momentáneo que me hizo sentir mucho agobio e impotencia, porque yo también tenía por aquél entonces la idea de que a un profesional de la salud mental y emocional se va cuando se está «loco de atar». Y además, seguía aferrada a la neurosis de independencia, al típico «yo sola puedo con esto«.

Lo que no sabía es que, aunque yo ya estaba acostumbrada a vivir así, mi vida interna era un caos, con docenas de bloqueos, miedos, prejuicios y pesadísimas sombras de la infancia. Más o menos como en la foto, aunque externamente me esforzaba en sostener una imagen de «orden».

Aquella tarde deseché rápidamente la posibilidad de pedir ayuda profesional. Mi ego de «yo puedo sola» ganó el debate interno, y a otra cosa mariposa.

Y en mi afán de aguantar y solucionar «el problema» (¡pensaba que sólo había uno!) yo sola, acabé destrozando una relación que ya estaba resentida y tocando fondo poco más tarde.

Por descontado entiendo que todo aquello tenía que vivirlo exactamente tal y como sucedió, ni antes ni después, y que todo me sirvió en gran medida para aprender sobre mis resistencias, los miedos, los autoengaños, la cabezonería, y muchas otras cosas. No me arrepiento de ninguno de los errores que cometí, cada uno de ellos fue perfecto; pero lo que vengo a decir es que NO HACE FALTA llegar hasta lo más negro del pozo para pedir ayuda. En este país tenemos muchos prejuicios con la palabra «terapia», y sinceramente creo que todos (y me refiero a todos, todo Occidente) necesitamos una ayuda para resolver algo de nuestra mente en algún momento de nuestras vidas. En España somos hijos y nietos de la Guerra Civil, con el trauma colectivo pasado de generación en generación (miedo, odio, neurosis de escasez, falta de amor y ternura…) y al mismo tiempo, esclavos de un Sistema desempoderante y alienante. ¿Cómo no vamos a necesitar terapia??

Así que, si alguna vez has pensado que tal vez te vendría bien ver a un terapeuta para hablar de algún tema en concreto, no hagas como yo hice. No esperes hasta tocar fondo. Ahórrate el sufrimiento innecesario, tú puedes poner la solución antes. Levanta la mano y di:  «Ey, necesito un poco de ayuda por aquí».  Sin vergüenzas, porque embarcarse a un trabajo de crecimiento interno no es de «incapaces» ni de «fracasados»… ES DE VALIENTES.

 

Y tú, ¿qué concepto tienes sobre ir a terapia? ¿Te parece algo normal, o algo como «último recurso»? Comparte tu visión en los comentarios… ¡crezcamos juntos!

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