Carta a mi Crítico Interno

Hola, querido Crítico Interno.

Hace tiempo que no hablo contigo, ya sabes que últimamente te hago menos caso que antes. Ayer vi este dibujo por casualidad y me quedé 5 minutos mirándolo y pensando en ti, porque lo que este sencillo dibujo expresa contradice todo lo que me llevas diciendo toda la vida. Me gustó mucho, mira:

Desde el mismo momento en que mi alma logró hablar más alto que tú y explicarme que mi vocación vital era la ayuda al otro, comenzaste a decirme que yo no era lo suficientemente sabia, ni experimentada, ni mayor, como para ayudar a nadie a nada.

Pero dime, ¿y si las 3 ó 4 piezas que yo soy capaz de dar, aún con mis carencias e imperfecciones, son justo las que el otro necesita para completarse…? Dime, ¿qué hay de malo en ello?

Mira, te agradezco tu labor como Jefe del departamento de Calidad en mi vida, pero deberías relajarte un poco… ¿en serio crees que tendría que esperar a estar iluminada para ayudar a los demás? ¿Y qué hago con todas las personas a las que YA puedo ayudar, y toda la experiencia que YA tengo? ¿Me quedo en casa esperando a ser «perfecta» para salir al mundo?

….Si te hiciera caso en todo lo que me dices, no habría acabado mis estudios artísticos, ambos sabemos perfectamente que era una dibujante mediocre, no dejaste de decírmelo ni un solo día. Y me habría perdido todas aquellas experiencias que me hicieron crecer como persona y abrieron mi mente.

….Si te hiciera caso en todo lo que me dices, iría vestida con un burka a la playa, porque según tú debería pesar 35 kg y medir 1,90 para tener derecho a ponerme un bikini. Y me perdería el tacto del agua del mar en mi cuerpo, el Sol en la piel, las risas, y los bocatas llenos de arena que cruje entre los dientes.

….Si te hiciera caso en todo lo que me dices, viviría pegada a la escoba y la fregona, limpiando constantemente la casa para cumplir tus expectativas de perfección y orden domésticos. Y no tendría tiempo para sentarme a mirar las flores, o pintar, o simplemente bailar y cantar en pijama. Ya, ya sé cuándo desprecias esas «actividades improductivas».

….Y si te hiciera caso en todo lo que me dices, como te lo hacía en el pasado, la ansiedad por la posibilidad de cometer un sólo error me impediría llevar a cabo mi trabajo, mi vocación vital, mi pasión.

Porque te siento respirar en mi nuca cada vez que voy a dar una charla, cada vez que comienzo la terapia con un cliente nuevo, cada vez que escribo algo desde el corazón para publicarlo. Te siento pegado a mí, susurrando tu típico «No eres lo suficientemente perfecta para hacer esto»…

Y ¿sabes qué? Que aprecio tu labor, sé que en el fondo tu intención es buena. Sé que estás convencido de que todo lo que me dices es por mi bien, para evitarme el posible dolor del fracaso y el rechazo.

De verdad que te entiendo, sé que eres hijo de miles de años de dolor humano colectivo, y que te llevo conmigo porque mis padres también te llevaban con ellos… pero tengo que decirte que, aunque te comprendo, NO TIENES RAZÓN. Sé que tú estás convencido de que sí, pero no tienes razón. Sólo sabes odiar lo incorrecto, pero no sabes amar lo correcto. Estás lleno de miedo, de dolor, y de falta de Amor. Ni siquiera sabes lo que es el Amor.

Yo sí lo sé. Y por eso ya no te hago caso. Sé que estás frustrado porque parece que ya no te oigo, pero sí te oigo. Siempre te oigo en mi mente comentando mis actos y los de los demás, criticando lo ya pasado y alertándome de errores futuros. Sí que te oigo, aunque te ignore. Y te ignoro porque no sabes lo que es el Amor y no le sirves a Él, a quien le sirves es al Miedo.

Ahora ya sólo te hago caso si tus consejos me ayudan a ser mejor persona y mejor profesional. Pero nada más.

Por eso te digo que creo que el dibujo de antes es precioso, que tiene toda la razón, y que tú no la tienes. Lo siento.

Te mando un abrazo, te llevo siempre conmigo, nos vemos pronto ante el próximo espejo en el que me mire. Si te guiño un ojo es que te estaré saludando.

– Clara.

 

Y tú… ¿qué tal te llevas con tu Crítico Interno? Comparte tu visión en los comentarios… ¡crezcamos juntos!

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