¿Intentas volar con zapatos de plomo?

Hoy quiero compartir mi opinión sobre el uso de la espiritualidad como un intento de «escaparse» de los problemas emocionales cotidianos, y por qué NO funciona. Lo siento, no funciona. Sigue leyendo y te explicaré por qué, y cuál es la solución a la frustración que esta situación genera.

Mucha gente comienza su búsqueda espiritual cuando una gran crisis personal llama a la puerta. Una muerte de alguien cercano, una pérdida importante, una bancarrota, una enfermedad grave, un cambio súbito e inesperado que nos deja sin suelo bajo los pies… La Vida gira un par de tuercas y, de pronto, ya nada es igual. La desesperanza nos agarra y todo lo que éramos, hacíamos y teníamos hasta ese momento, ya no es suficiente, ya no nos sirve para ser felices.

Y entonces comienza, bien una depresión, o bien una búsqueda de respuestas, de opciones nuevas, que a muchas personas nos acaba llevando hacia el enorme «cajón de sastre» de la Nueva Era. (O bien a ambas cosas a la vez, es decir, a una búsqueda espiritual con una depresión solapada).

En esta heterogénea filosofía de vida que llamamos New Age, se aglutinan toda clase de ideologías y herramientas de distinta procedencia y calado. Pero el caso es que muchos acabamos coqueteando o casándonos con vías de iniciación o sanación distintas, cada uno/a con lo que más le sirve. Meditación, tai-chi, yoga, reiki, cábala, canalizaciones, constelaciones… todas prometen, en esencia, lo mismo: la felicidad, la armonía, la sanación. Y sí, todas pueden ser buenas vías hacia la armonía, hacia el autodescubrimiento, cada una a su manera, pero sólo si encontramos la más idónea para nuestra persona, nos comprometemos profundamente con ella, y llevamos su práctica hasta la excelencia.

Y aquí veo dos problemas principales que se repiten mucho: por una parte, lo que suele pasar es que no nos comprometemos «de por vida» con un sólo camino (que fue para lo que inicialmente fueron creados estos caminos, para ser una respuesta sólida a la que adherirse firmemente y explorar a lo largo de los años), sino que «picoteamos» de técnica en técnica, en busca de aquello que nos alivie (rápida y facilmente) la angustia, el dolor, o que nos dé las respuestas que buscamos. Rápidamente, ya, AHORA. 

Y, por otra parte, y éste es a mi parecer el mayor de los problemas, es que intentamos «ir hacia arriba», tocar el cielo en busca de alivio y paz, con los pies «llenos de mierda», con la parte más emocional y humana sin ordenar, sin sanar. Y después nos sentimos frustrados cuando, 5 minutos después de meditar o de hacer chi-kung, volvemos a sentirnos inestables, enfadados, perdidos… en definitiva, como antes de la práctica espiritual. Y pensamos que algo debemos de estar haciendo mal…  pero no.

No es que estés haciendo mal tu práctica espiritual, es que hay algo necesario de hacer que no estás haciendo: la parte (a veces) desagradable, fangosa, del camino hacia la Libertad. La parte del trabajo directo con la Sombra, con el inconsciente, con tus traumas personales y bloqueos.

Toda carga de sombra psico-emocional no trabajada, es como un monstruo enorme que acecha justo a tu lado esperando a que acabes de meditar, para reclamar que le hagas caso y te hagas cargo de él. A veces incluso interfiere con la propia práctica espiritual, impidiéndote avanzar y conseguir la ansiada sensación de «llegar arriba» donde están la quietud interna y la Paz.

Pero invariablemente, tanto si tus prácticas espirituales te permiten conectar profundamente con tu dimensión divina y trascendental como si no… tu parte más humana, animal y condicionada por las experiencias terrenales te va a estar esperando cuando acabes. Sí o sí.

Esto es fuente de muchas frustraciones, pues muchas personas se dan cuenta de que mientras están realizando su práctica espiritual se sienten libres y en plenitud, pero luego ese estado de consciencia se esfuma más temprano que tarde. Y creen que «hay algo malo en ellas», que están haciéndolo mal. Y no es así, repito. Es que hay toda una dimensión herida y desordenada de tu hermoso Ser a la que no estás atendiendo adecuadamente, y no va a dejarte en paz hasta que la atiendas. Como ha de ser, por otra parte. Por muy incómodo que sea.

Si la gran y temida Sombra no nos persiguiese en forma de pesadillas, temores, arrebatos emocionales, ansiedades, somatizaciones físicas y enfermedades, nunca llegaríamos a prestarle atención y solucionar el desequilibrio oculto que llevamos dentro.

Si éste es tu caso y te ves reflejado/a en estas líneas, mi recomendación es que combines tus prácticas iniciáticas/espirituales con un trabajo psico-emocional serio y profundo, a no ser que no arrastres absolutamente ningún conflicto (lo cual es MUY inusual en esta sociedad actual que nos proporciona trauma-sobre-trauma desde que nacemos, e incluso antes de nacer).

Ya te adelanto, por experiencia mía y de otros, que el camino espiritual sin la parte humana (psicológica y emocional) sanada es una «huída hacia arriba», una persecución con más frustraciones que satisfacciones; es como correr una marathon con zapatillas de plomo…

Libérate de lo que no te está dejando volar, en lugar de malgastar energía intentando volar con demasiado peso.

¡Animo, que se puede!

¿Te has sentido alguna vez frustrado/a porque parecías no avanzar en tu camino, incluso ir hacia atrás? Comparte tu visión en los comentarios… ¡crezcamos juntos!

2 opiniones en “¿Intentas volar con zapatos de plomo?”

  1. Gracias. Me he sentido identificada en cada una de tus palabras, de la primera a la última. Leyendo este texto me acordé de una película, altamente recomendable, que al contrario de lo que pueda parecer, no es de espíritus malignos ni muchísimo menos, y se llama BABADOOK.
    Esa película refleja como un espejo lo que tú aquí estás describiendo y que me parece una tarea muy pero que muy difícil. Cuando haces referencia a hacerle caso a la sombra y atenderla….. ese es el final de la película, IMPACTANTE.
    Un abrazo.

    1. Hola Mercedes! Gracias por la recomendación de la película, me suena el nombre pero aún no la he visto… la veré!
      Me alegra que el artículo te haya servido. Lo cierto es que es muy común querer «escaparse» para arriba sin acabar de hacer el trabajo con la Sombra, esto tiene hasta nombre! «Bypass espiritual».
      Por eso en terapia hago tanto hincapié en trabajar con las emociones incómodas.
      Un abrazo!

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