Los terapeutas también lloran

Desde que comenzó el “boom” de las terapias y cursos de crecimiento personal y espiritual (del cual me alegro mucho, porque significa que colectivamente estamos llegando a un punto de saturación del que necesitamos y buscamos salir), estoy observando una tendencia en los terapeutas, facilitadores y coaches que quisiera señalar y exorcizar de mí misma, porque a mí también me ha influido y he permitido que me presionara.

Hablo de la tendencia a creer, y a pretender hacer creer, que un terapeuta es una persona que está 24 horas al día, 7 días a la semana, feliz, sonriente, calmada, entusiasmada y llena de energía.

Observo que el boom de las redes sociales se ha colado también en el inconsciente colectivo de los terapeutas, convenciéndonos a muchos de que, para poder ser reconocidos como profesionales del crecimiento personal, tenemos que mostrar una imagen de personas perfectas, con un estado de ánimo y una felicidad inquebrantables.

Los mensajes que se emiten son siempre de positividad y fuerza, pero no veo a muchos coaches, terapeutas ni maestros espirituales hablando de dolor, de dudas, de miedo, de enfados, o de errores cometidos una y otra vez.

Y hoy quisiera salir del armario de la apariencia de perfección (aunque tampoco es que haya llegado a estar del todo dentro): quiero decir que yo, aún siendo terapeuta, y también lo paso mal a veces.
Que también tengo dudas a veces, como todo hijo de vecino.
Que repito el mismo error todas las veces que sean necesarias hasta que descubro por qué lo cometía y cómo dejar de hacerlo.
Que a veces me enfado y levanto la voz.
Que a veces me cago de miedo ante la multitud que me escucha.
No soy diferente, ni en un ápice, de cualquiera de mis clientes. Cuando explico estas cosas en terapia las personas suelen sorprenderse y mostrar alivio en sus caras, como si la aparente distancia entre nosotros fuera un motivo de miedo o de tensión para ellos.
Y es que no hay distancia, no hay diferencia. Aquí somos todos iguales y vamos juntos al mismo sitio: al Recuerdo de Quiénes Somos.

Lo único que me diferencia de mis clientes es que yo ya he pasado por lo que sea que ellos están pasando, y que por ello voy un pequeño pasito por delante. Pero no es que yo haya llegado a “ningún sitio” lejos del alcance de mi cliente, simplemente es que el tramo que mi cliente está recorriendo yo ya lo caminé hace un tiempo, y recuerdo cómo era, cómo se sentía, y las dificultades que había en ese tramo del proceso.

Pero yo también soy un Ser en proceso de Recordarse a Sí Mismo. Un peregrino en mitad del viaje, aunque he caminado lo suficiente como para saber hacia dónde voy, qué hacer con las piedras del camino, y cómo ayudar a algunos otros peregrinos con sus piedras y sus mochilas; no a todos, porque sólo puedo ayudar a los caminantes cuyas mochilas son las que yo ya solté y cuyas piedras son las que yo ya salté; pero la Vida está tan perfectamente diseñada que sólo me hace cruzarme con las personas a las que puedo ayudar de alguna manera y que, a su vez, me pueden ayudar a seguir recordándome a mí misma.

Así que este post es una oda a la franqueza y la humildad. Quisiera recordarnos a todos, terapeutas y no terapeutas, que estamos juntos en este barco llamado “La difícil tarea de recordar Quiénes Somos y qué hacemos aquí, encarnados en cuerpos humanos, en el planeta Tierra del siglo XXI”. (Un nombre un poco largo para un barco, lo sé, pero es un barco muy grande).
Yo doy el primer paso, y reconozco que también lloro, también tiemblo, también tropiezo a veces. Y que eso es parte de mi belleza, y también de la tuya.

 

Y tú, ¿has visto esta tendencia a aparentar perfección en terapeutas y facilitadores? ¿Qué piensas de este tema? Comparte tu visión en los comentarios… ¡crezcamos juntos!

 

4 opiniones en “Los terapeutas también lloran”

  1. Yo creo que el universo te trae personas con tus mismos problemas, para que puedas trabajarlos tú también. Sabemos la teoría, pero a veces no la ponemos en práctica. Incluso si tú no lo has superado, puedes ayudar a otras personas, ofreciéndoles tus conocimientos y acompañando en el camino de ponerlos en práctica juntos. Es un crecimiento conjunto. No te parece?

    1. Sí lo es, o así lo creo, Caty. La Ley de la Atracción es infalible y nos acerca a las personas y experiencias que vibran de la misma forma que nosotros/as y que nos pueden ayudar a ver y superar problemas. A veces me vienen personas que están atravesando algo que yo ya atravesé y ya está resuelto, y a veces son personas que están pasando lo mismo que yo, sólo que van un paso por detrás de mí en el proceso. Estoy de acuerdo en que se puede ayudar a una persona que esté pasando por lo mismo que uno/a, pero creo que la ayuda sólo es eficaz si uno/a va un poquito más adelantado en la resolución del problema. Y a veces, ir un paso por delante es simplemente haberse dado cuenta de algo importante que el cliente no ha visto aún, por ejemplo. Que no hace falta estar “iluminado” para dar una valiosa ayuda, vamos. 🙂 Pero cuantos más pasos por delante vayas del cliente/ayudado, más podrás ayudar. O eso creo yo ahora mismo… ¿qué opinas?
      Un abrazo y gracias por compartir tu opinión!

  2. I strongly agree

    “Que también tengo dudas a veces, como todo hijo de vecino.
    Que repito el mismo error todas las veces que sean necesarias hasta que descubro por qué lo cometía y cómo dejar de hacerlo.
    Que a veces me enfado y levanto la voz.
    Que a veces me cago de miedo ante la multitud que me escucha.
    No soy diferente, ni en un ápice, de cualquiera de mis clientes.”

    Bueno, creo que sólo nos diferencia (a clientes y a mí) la intención con la que vamos al encuentro… por lo demás…

    1. Querida Whitney, qué placer leerte, se te echa de menos en la industria musical… 😉
      De acuerdo en lo que dices de la intención. El cliente viene para pedir ayuda y el terapeuta viene a darla, pero lo curioso es que al final el cliente también ayuda en parte, y el terapeuta también es ayudado a uno o varios niveles.
      Un abrazo y gracias por compartir tu visión!

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