Hijos/as del narcisismo: cuando el enemigo está en casa

El narcisismo (o Trastorno Narcisista de la Personalidad) es actualmente una epidemia espiritual que está devorando a la sociedad desde dentro, y es precisamente desde los estamentos de poder, que se lo está intentando descatalogar del manual internacional del diagnóstico psicológico.
Consiste, desde la mirada transpersonal, en una cristalización tan rígida e irremediable del ego, que genera en la persona que lo sufre dos consecuencias determinantes en su vida:


1) Le impide hacer un ejercicio honesto y sostenido de autocrítica, autoobservación profunda y cambio.
2) Anula su capacidad de empatizar de corazón con otros seres y de Amar desinteresadamente.


Esto, a efectos prácticos, la convierte en una persona para la que todos sus actos, decisiones y relaciones giran alrededor de una imagen de sí misma, intocable, muy frágil pero incuestionable.
Toda palabra emitida por esta persona, todo acto, toda respuesta, todo intento de esta persona, serán para demostrarse a sí misma y a los demás que ella es como ella cree ser. Incluso sus actos aparentemente más neutrales o los más altruistas y elevados, tendrán una intención egóica (inconsciente).Cualquier situación o persona que ponga en duda esa imagen de sí misma, será atacada, negada, ridiculizada o ignorada. Incluso aunque esa persona sea su propio hijo o hija.


Una persona con este trastorno «amará» o rechazará a otras personas siempre por interés (inconsciente), según éstas le ayuden a reforzar su imagen de sí misma o, por el contrario, supongan una amenaza a dicha autoimagen o idea de sí.
Por ello, los niños y niñas cuya madre o padre (o ambos) sufre este trastorno, aprenden desde muy temprano y en el secreto del seno familiar, a amoldarse a los deseos de sus padres para no ser atacados y conseguir una migaja de la aceptación que, naturalmente, necesitan para su sano desarrollo.

Los adultos que crecimos en una familia con uno o varios de los progenitores con narcisismo, tendemos a desarrollar, si no recibimos ayuda terapéutica y también espiritual, una serie de rasgos de carácter y de problemas psicoemocionales y existenciales muy fácilmente identificables:

– Baja autoestima
– Diálogo interno de autodesprecio
– Desconocimiento de las propias necesidades
– Desconexión de las propias emociones
– Necesidad de complacer
– Empatía y capacidad de entender al otro hasta en lo más oscuro
– Justificación excesiva
– Miedo a decir «No»
– Sensación de impotencia o de «no ser capaz»
– Hipersensibi
lidad a la crítica
– Ansiedad generalizada o muy habitual
– Trastornos de alimentación
– Adicciones
– Depresión
– Pensamientos obsesivos intrusivos
– Tendencia a la preocupación
– Insatisfacción crónica
– Vacío pro
fundo que no parece llenarse con nada
– Fases de apatía vital

Todas estas señales, aparentemente inconexas, señalan a una infancia de sufrimiento silencioso, de autonegación para complacer a papá o mamá, y de miedo a despertar a la Bestia que vive en casa.
La magnitud epidémica que está tomando este trastorno, que yo empiezo a llamar con humor negro «egotitis extrema», es el resultado de una conjunción muy concreta de circunstancias sociales:
– La pérdida de valores humanos
– El culto al individualismo
– La desconexión del corazón (que además se transmite de generación en generación)
– Y el miedo colectivo a la interiorización.

Es asombroso lo extendido que está este problema y la poca atención que se le está prestando al narcisismo en psicología y sociología. La razón, pienso yo, es que a un Sistema dirigido y diseñado por narcisistas y psicópatas no le interesa que se conozca y entienda cómo funciona el narcisismo.
Ni mucho menos cómo sanar sus huellas, ni identificar la semilla del narcisismo en uno mismo para erradicarla poco a poco y de una vez por todas…

El antídoto para esta enfermedad psico-espiritual de la que es tan fácil enfermar es, también, psicológico y espiritual:
Autoconocimiento profundo y honesto + apertura al Perdón absoluto

O sea, LUZ. Que se compone de Verdad (autoconocimiento honesto) y Amor (Perdón).

Depurarse internamente del rastro y la semilla del narcisismo no es fácil ni se logra en dos días. Pero se puede hacer, juntos podemos hacerlo.
Tenemos que hacerlo…

Mucha LUZ para ti y todos los buscadores. 🙌

¿Cuál es tu experiencia personal con el difícil tema del narcisismo? ¡Comparte tu visión! Crezcamos juntos…

10 opiniones en “Hijos/as del narcisismo: cuando el enemigo está en casa”

  1. Hola,
    Estoy casada con un narcisista encubierto, hijo de una narcisista encubierta maligna a más no poder. Después de leer el post, mi marido no coincide con las características que describes. Si bien alguna de ellas está presente en su personalidad, mi marido para sobrevivir a su madre se volvió igual que ella. Fue víctima en su infancia pero ahora es verdugo de adulto. No se si podrás escribir un post de los hijos dorados narcisistas que engendra esta gente y como se mayores son igual que ellos
    Felicidades por el blog

    1. Hola Sílvia, gracias por tomarte el tiempo de dejar tu comentario. Tienes toda la razón en lo que escribes, el título del post se refiere a «Hijos/as -no narcisistas- del narcisismo», pues como bien dices, muchas veces hay hijos e hijas que acaban desarrollando narcisismo como sus padres o madres.
      Lo que no sucede siempre es que los «hijos dorados» sean los que se convierten en narcisistas, creo que eso depende de factores más profundos del hijo/a, como su nivel de Consciencia innato.
      Yo por ejemplo soy la hija dorada de dos narcisistas, pero el chivo expiatorio de otro (tuve dos figuras paternas distintas en mi infancia).
      El tema de por qué unos hijos acaban desarrollando narcisismo y otros no (aunque los que no lo hacen, salen siempre bastante «tocados», con problemas como los que relataba en el post) me parece súper interesante y creo que está poco estudiado -como el narcisismo en general-.
      Ya te digo que mi impresión actual es que el resultado final depende del nivel de Consciencia que trajera el niño o la niña «de serie».

      El nivel de Consciencia es la sabiduría innata del niño, su capacidad innata de profundizar en las cosas y de entender aspectos humanos en profundidad. Esto es algo que se trae o no se trae, aunque se puede trabajar hasta cierto punto con la crianza y las experiencias vitales. Está relacionado con la empatía real (desinteresada), pero no es lo mismo.

      Un abrazo y espero que estés bien, Sílvia.

  2. Hola Clara! Tengo que decirte que llevo meses leyendo sobre narcisismo, porque llevo toda mi vida tratando de resolver un puzzle que dé respuestas a tantos interrogantes y por fin he conseguido hallarlas. Asi he descubierto que me crié con un padre narcisista y que mi ultima pareja tambien lo era. De hecho, llegué a este trastorno por ella, intentando entender qué sucedia en esta relacion y despejar toda esta confusion. Ha sido muy duro ver la realidad, pero tambien ha sido sanador, porque me ha permitido verme a mi misma y entenderme. Me he dado cuenta que criarte con una persona narcisista es vivir en la confusión total y absoluta porque no sabes nunca qué es la realidad. No puedes esperar confirmar fuera lo que percibes y sientes dentro, porque sólo vas a encontrar distorsión y dolor. Esto hace que aprendas a desconfiar y cuestionarte todo el tiempo a ti misma y, en algún punto te desconectas de tu yo interno, aunque sólo parcialmente. Sigue estando ahí, pero aprendes a silenciarlo y comienzas a poner la brújula fuera donde, repito sólo hay confusion. Aprendimos a rechazar nuestro yo interno porque cuando tratamos de exponerlo, no encontramos validacion en ningun sitio. Frente a la pareja narcisista, ese sentimiento de convalidación y desconexión, surge con más fuerza y, aunque todo el rato, estamos recibiendo señales internas que nos avisan, nos las saltamos porque no las creemos. No creemos que tenemos derecho a expresar nuestra duda, temor, sentimiento o necesidades y si lo hacemos, sólo recibimos respuestas orientadas a invalidarnos. Estamos tan perdidos y desorientados y estamos tan habituados a cuestionarnos a nosotros mismos que aceptamos que es el otro el que debe estar en lo cierto. Tendemos a vernos como el extra de la película, que no sale ni en los créditos, como si no fuéramos el protagonista activo de la vida.
    Recuerdo sentir cuando era pequeña que mi padre era un perro salvaje que sólo quería despedazarme. En esos repetidos episodios, yo intentaba encontrar cuál era la respuesta correcta. Sentía, cuando estaba con él, que ante mi se abría un campo de minas y yo tenía que detectar dónde no debía pisar. Con él tiempo me fui dando cuenta que daba igual lo que yo hiciera…siempre iba a pisar una mina. Me fui dando cuenta que no era lo que yo hacia, lo que tanto molestaba a mi padre, sino mi existencia. Así que me volví lo más invisible que pude. Hace tiempo hice un poema que refleja muy bien esto, y quiero compartirlo…
    Los que no fueron mirados
    abandonaron sus cuerpos.
    Sin brújula en el desierto,
    quedaron desamparados.
    Subsisten deshabitados
    De su sólida presencia.
    Son hijos de la violencia
    Y herederos del silencio
    Que están a merced del viento
    Sin raíz en la existencia.
    Se cobijan tras sus sombras,
    pues no perciben su luz.
    Se viven con la inquietud
    del que percibe que sobra,
    porque algo en ellos estorba
    y se ven como un error
    Y esta ausencia de valor
    les hace andar de puntillas,
    sin dejar huella en la orilla
    por no ser dignos de amor.
    Sólo recuerdan que existen
    a través de otras miradas.
    Sin ellas, creen ser nada,
    mas rara vez los perciben,
    pues hacen bien su papel
    ocultos en su guarida,
    tras su alambrada de espinas,
    en su torre de marfil,
    que muestra un bello perfil
    mientras supura la herida.

    Sabes? Me di cuenta, cuando hice este poema, que hablaba tanto del empatico como del narcisista. En verdad creo que la herida que sufrimos es la misma, lo que sucede es que uno se rompió hacia un lado y el otro hacia otro distinto. Probablemente al empatico le salvó esos rasgos empaticos que, de alguna manera, forman una característica muy definida y profunda en nosotros. No creo que esto nos convierta a unos en mejores y a otros en peores. La diferencia es que el dolor del empatico recae sobre si mismo y la del narcisista sobre los demás. Por eso, la atracción tan letal entre ambos. Cuando un empatico se encuentra con un narcisista, siente, por primera vez su valor a través de los ojos del otro y lo triste de todo esto, es que sólo puede percibirse a si mismo a través de la mirada del otro. La tarea del empatico pasa por retomar su poder y sentir que lo que eres y lo que vales, no tiene que ver con la mirada del otro, sino con la tuya. Es darte cuenta de que tu hambre viene de la necesidad tan grande que tienes de ti. Sentir que tienes un sitio y un lugar que es tuyo, inalterable, que no depende de nada, sino de tu propia mirada amorosa, alimentó y reconocimiento. La tarea es reconciliarte contigo y con tu existencia, dándote todo el valor que nadie te dio, pero que mereces. Es reclamar tu reino para ti. Que existes! No porque alguien pueda verlo y validarlo, sino porque tu te sientes viva y tienes tu lugar en el mundo. La tarea es que Eco, el personaje de la historia de Narciso que representamos, salga de su cueva, se muestre al mundo y se enamore de si misma.
    Esta relación me ha ayudado a ver esas heridas profundas que arrastro y a pesar del dolor, estoy profundamente agradecida, porque solo a traves de un narcisista, podia suceder mi curacion. Solo ellos pueden mostrarnos el camino y creo que nosotros también a ellos. Nuestra suerte, es la empatía. Por mucho que hayamos también construido una coraza para protegernos del mundo, nuestros rasgos empaticos hacen que lo de fuera se cuele por todos lados. Nuestra armadura está llena de fisuras por las que entra la luz…parece que la hizo Espinete!. En cambio, la del narcisista es infranqueable. La de ellos está hecha por un Rey Enano de Moría. Pero, si en la relación con el empatico, éste consigue abrir una pequeña fisura, también hay salvación para él. Jung decía que la grieta es el lugar por el que la luz penetra y sana. Yo también lo creo, pero hay que estar dispuesto a enfrentar el dolor que eso conlleva…mil gracias

    1. Hola Elora, gracias por tu larga y profunda aportación. Has explicado creo que con mucha exactitud cómo se vive a grandes rasgos una relación íntima con una persona con narcisismo encubierto. Explicaciones como la tuya ayudan muchísimo a entenderse a sí mismas a otras personas que están viviendo algo parecido que, como tú bien dices, si por algo se caracteriza es por la CONFUSIÓN.
      La poesía que escribiste me ha encantado, de verdad.
      Creo que deberías plantearte, si no lo haces ya, dedicarte de alguna manera a la comunicación escrita.
      Gracias de nuevo por tu generoso y lúcido comentario.
      Te mando un abrazo.

      1. Gracias a ti por hacer páginas como está que pueden ayudar a tantas personas.
        Después de pasar toda una vida intentando beber agua de un espejismo, encontrar un oasis de verdad en lugares como éste, es un maravilloso regalo.
        Un fuerte abrazo

  3. Hola!! Hermoso escrito, preciso y sanador. Yo descubrí ser la hija de una madre narcisista a mis 50 años.! Y vaya que tardé mucho! Creo que me tenía la mente secuestrada, me hacía sentir fatal y aún así, sentía que la amaba pero era solo apego tóxico. Y como dice Elora, mi armadura con agujeros un día se disipó y Vi la luz. Me ha costado aceptar que nunca me ha amado y obviamente muchas otras cosas como narcisista que es. Al comenzar a investigar, sanar y recuperar mi autoestima y mi autovaloracion, sentí pena por ella. Porque no tiene amor por dentro, pero ahora que ha pasado el tiempo, la he llegado a detestar al punto que no quiero que ni me hable. Ya no voy a su casa, ni la llamo para saber cómo está (tiene 84 años) ,ya no tengo paciencia para tanta manipulación, sumando todo el parloteo mental interno que esto conlleva, por aquello de la «obligación de cuidar a nuestros padres ancianos», pero es que no deja de maltratar y la veo como un monstruo. Cómo hago para perdonar si sigue lastimando? Cómo hago para desengancharme yo de ese apego moral-social porque es «mi madre». La quiero fuera de mi vida totalmente. Por otro lado, tengo a mis hijas con las que he trabajado mucho el perdón, porque ellas también se vieron afectadas creciendo en casa de su abuela ( y sentí que yo tenía en parte, responsabilidad en permitir abusos). Ahora me siento feliz de la relación con ellas, son seres fantásticos! Empáticas, amorosas, alegres y más. Las disfruto a cada paso..

    1. Hola Betty, gracias por compartir tu historia…

      Has planteado dos cuestiones que son complejas y profundas, además de preguntas comunes entre «hijos del narcisismo», así que me voy a extender un poco en mi respuesta, esperando que también le pueda servir a alguna otra persona.
      Lo que sigue es mi opinión personal como «hija del narcisismo», no es una respuesta en tono terapéutico, porque los temas por los que preguntas desbordan el marco terapéutico y entran más en cuestiones casi espirituales, o por lo menos morales/éticas.
      Así que insisto en que lo que sigue es mi opinión personal. Toma lo que te sirva únicamente, sí?

      La verdad es que el tema de la «lealtad obligada» a la madre es todo un tema. En nuestra sociedad, dar la espalda a una madre es un tabú de los más grandes, no te parece?
      Verás, lo que yo te puedo aconsejar para poner luz en esa culpabilidad por ser «desleal» a tu madre (que no sé si la sientes, tal vez me lo estoy inventando) es que te atrevas a cuestionar ese mandamiento social.

      Sé que es uno de los más fuertes, pero cuestionarlo absolutamente todo es parte de un trabajo profundo de crecimiento personal.

      No sabemos a dónde te llevará ese cuestionamiento, ese poner en duda la obligación de lealtad, pero sin duda te ayudará a meter aire fresco en este tema.

      ¿Y cómo poner en duda o cuestionar una convención social?
      Pues yo conozco 3 maneras de hacerlo:
      1) Que busques el relato de otras personas que también lo cuestionan.
      2) Que busques información sobre cómo se ve ese tema en otras culturas, o como se veía en otros tiempos.
      3) Que vuelques tus reflexiones y dudas y contradicciones sobre el papel, entablando un diálogo contigo misma (como si fuera escribir un diario). Puedes preguntarte cosas como «¿Es esto cierto?», «¿Cuál es mi verdad sobre esto?» «¿Desde cuándo y por qué pienso así?»

      Revisar las propias creencias y asunciones es algo que siempre cuesta esfuerzo, pero hay algunas creencias que parecen estar más «grabadas en piedra» que otras… así que ten paciencia contigo misma.

      Y sobre el otro tema que me preguntas, cómo perdonar a una persona que sigue actuando igual… también es un tema difícil.
      Lo primero es que te preguntes qué significa para tí «perdonar». Para algunas personas perdonar significa comprender y tolerar, y para otras significa comprender únicamente.
      Además, para algunas personas perdonar implica mantener el contacto, mientras que para otras no.
      Así que supongo que también te ayudaría revisar tu concepto de «perdón».

      He intentado ser lo más imparcial posible, siendo que es un tema muy complejo en el que cada cual ha de encontrar su propia fórmula que le funcione. No quiero ni de lejos condicionar una decisión de este calado, pero sí te invito a una reflexión profunda que te ayude a encontrar tu vía, tu propia solución.

      Te mando un abrazo Betty.

  4. Hola a todxs,
    yo descubrí hace un año que llevo 20 compartiendo mi vida con un psicópata narcisista. He ido haciendo un diario desde 2015 de las cosas que hacía y decía. Empecé a hacerlo como desahogo porque en él las únicas respuestas que encontraba es que el problema lo tenía yo, porque eran mis percepciones a lo que él hacía (palabras suyas). Pero ya no me la da. Tiene comportamientos cíclicos que coinciden casi siempre en las mismas épocas del año. Me ha hecho todo, la explosión de amor cuando me engatusó y me conquistó creyéndome que era lo mejor que me había pasado en la vida, la devaluación, el silencio,… todo lo que hacen. Tengo 2 hijos con él. EL niño dorado y el chivo expiatorio. Es de libro. Creo que mis hijos no están asimilando estas conductas porque no he dejado que me apagara y por supuesto a mis hijos tampoco aunque sí los devalúa cada vez que puede a uno y a otro le ensalza constantemente. Yo a mis hijos que ya tienen 11 y 14 años les he explicado lo que he descubierto, les he dicho que no es normal lo que hace, que eso no es la realidad, es la realidad «enferma» de su padre, pero que nadie tiene que hablarles así ni aunque sea su padre o su madre. Ellos son muy listos, tienen mucha inteligencia emocional y no le hacen caso. Esto provoca que su padre haga el numerito del tratamiento de silencio a lo que antes nos resultaba un infierno, ahora mismo lleva 1 semana sin hablarnos. A los 5 días empezó a hablar al niño dorado y este no le hizo ni caso. Ahí empezó a sufrir muchísimo (si es que sufre) y le decía al niño que por qué le trataba así, que si ya no le quería. Mi hijo se encogía de hombros, lo que le enfurecía y le hundía aún más en sus miserias psicópatas. Llevamos 8 días de tratamiento silencioso y ha empezado a hablarnos como si nada pasase. Nosotros seguimos nuestras vidas y no hacemos caso de sus supuestos dramas inventados. Esto que os cuento es de ahora, hasta que he comprendido qué clase de monstruo tenemos en casa he sufrido muchísimo, pero ya se acabó. El futuro es prometedor y nos iremos. Muchas gracias por escucharme-leerme.

    1. Hola Lola, pues gracias por compartir esta «fotografía» de vuestra situación… me alegro de que te hayas ido fortaleciendo como mujer y como persona, pero de lo que más me alegro es de que vuestros hijos no estén asimilando comportamientos de corte tóxico. Me imagino que has debido de currártelo mucho para proteger sus mentes, además de la luz que ellos ya trajesen «de serie». 😊
      Os deseo todo lo mejor a todos. Un abrazo.

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