La culpa SÍ existe, y tiene una buena razón de ser

Si estás metido o metida en el mundo de la “nueva espiritualidad” o “Nueva Era” (New Age), es probable que hayas oído decir a menudo la frase “la culpa no existe», incluso puede que tú mismo/a la consideres cierta y la verbalices o pienses cada tanto.

He decirte que no es cierta. No totalmente.

Además, creer en ella “a pies juntillas” puede comportar una serie de consecuencias bastante desagradables, bien para ti, bien para los que te rodean.

Permíteme que te lo explique: la frase o creencia en que la culpa no existe se refiere a un plano Absoluto de la realidad, en el que Todo está Bien, porque todo es causa y efecto de un cómputo general de la Vida; todo forma parte de la infinita cadena de circunstancias que hace que el Universo evolucione.

En este plano Absoluto o universal (espiritual, metafísico), efectivamente, la culpa no tiene lugar: si no existe tal cosa como el error (porque Todo Está Bien tal como es), ¿por qué se va a sentir alguien culpable por algo?

El problema viene al tratar de forzar verdades Absolutas en planos Relativos de la existencia. Dicho de otra forma:

Las verdades espirituales no se pueden extrapolar “tal cual” al mundo humano terrenal, porque en este plano las verdades absolutas se convierten en «verdades a medias» y pueden dar lugar a grandes confusiones y dolor.

 

Este es el caso de la máxima “la culpa no existe”.

Es cierto que, en un plano metafísico, la culpa no tiene razón de ser ni sentido siquiera; pero (y aquí viene la razón de ser de este post), en un plano terrenal la culpa SÍ tiene existencia y sentido propio, como lo tienen el resto de emociones humanas.

Así como la rabia tiene el sentido o la intención de empujar al animal humano a defenderse y poner límites; así como la emoción del miedo tiene el sentido de empujarnos a protegernos o huir del peligro; así, la culpa tiene el sentido de RESTAURAR UN VÍNCULO AFECTIVO ROTO o bien REDIRIGIR LOS ACTOS DE VUELTA HACIA UNOS VALORES HUMANOS BÁSICOS.

La culpa es la manera que tiene la inteligencia intrínseca de nuestra biología de avisarnos de que es posible que hayamos puesto en peligro un vínculo afectivo con alguien importante para nosotros/as, o también puede estar avisándonos de que nuestros actos han roto una regla interior o valor fundamental.

Como ves, la culpa es la manera que tiene nuestro cuerpo de empujarnos hacia la empatía, la interconexión, y el comportamiento ético.

¿Qué tiene de malo esto? Absolutamente nada. De hecho es algo muy positivo, y negar la existencia de la culpa tiene un lado tremendamente oscuro: muchas personas del perfil narcisista/psicópata del mundo de la «nueva espiritualidad» se están escudando en la máxima de “la culpa no existe” para no tener que lidiar con sus sentimientos de culpabilidad (si los tuvieran) tras actuar de forma inmoral.

Y aún peor, algunos “gurús” y “maestros espirituales” con estos perfiles de personalidad se cubren las espaldas de esta manera, desentendiéndose alegremente de la más mínima decencia humana básica en su día a día, y sintiéndose así libres de utilizar, manipular y abusar visible o invisiblemente de las personas que les siguen o con quienes conviven.

Para empezar a relacionarte de una forma amorosa, sana y lúcida con tu emoción de culpa, puedes hacer estas 3 sencillas cosas cada vez que la sientas:

1) Abraza y reconoce tu sentimiento de culpa. No es malo ni inadecuado, y está ahí por alguna razón. Atiende cariñosamente a tu niño/a interior, que es quien está sintiéndose culpable.

 

2) Hazte la siguiente pregunta: ¿Qué vínculo afectivo o regla interna creo haber roto?

 

3 – A) Si la culpabilidad te viene por la creencia de que has roto el vínculo con alguien importante para ti, hazte la siguiente pregunta: ¿Es esto cierto? ¿Lo he roto o lastimado YO, o es sólo una creencia mía en base a cómo ha reaccionado la otra persona?

(Algunos ejemplos de actos que lastiman realmente el vínculo afectivo: criticar, agredir verbalmente, burlarse, mentir, ocultar, manipular, ignorar, controlar, utilizar, despreciar…)

  • Si realmente has roto o lastimado el vínculo -con una crítica, ataque, desconsideración, etc.-, es momento de pedir disculpas sinceras y hacer propósito sincero de enmienda.

 

  • Si no has lastimado realmente a nadie, o si la otra persona se siente lastimada pero tú no has realizado una agresión real al vínculo -una crítica, un ataque, un gesto de desconsideración…- entonces estabas sintiendo una culpa antigua y tóxica, una culpa patológica en forma de “eco” de tu pasado. Es posible que en tu infancia tuvieras una crianza en la que tus adultos controlasen tu comportamiento mediante el recurso de hacerte sentir culpable por cosas que no eran tu culpa. Esto es una forma de abuso psicológico y, si es esto lo que te sucedió, tal vez deberías plantearte hacer un proceso terapéutico para liberarte de la culpa tóxica aprendida.

 

 

3 – B) Si la culpabilidad te viene por haber roto una regla interna importante, hazte la siguiente pregunta: ¿Estoy totalmente de acuerdo con esta regla interna, o me la impusieron desde fuera y la acepté como válida?

  • Si la regla interna que has roto (y que es lo que te está haciendo sentir culpable) es una máxima con la que estás de acuerdo al 100% sin atisbo de dudas, si la elegiste TÚ como uno de tus valores fundamentales, entonces es el momento de comprometerte contigo mismo/a a no volver a romperla. Y también es importante que analices qué circunstancias te hicieron romperla, para que minimices las posibilidades de que eso vuelva a suceder.

 

  • Si, por el contrario, te das cuenta de que la regla que has roto fue impuesta por tu familia, o por la escuela, o por los medios de comunicación, entonces en el momento de dejar ir esa creencia. Puedes soltarla, porque no es tuya y no tiene por qué formar parte de tu código ético si no te parece adecuado.    Porque… por cierto, sabes que tienes derecho a tener un código ético propio, distinto al de tu familia y tu sociedad, ¿verdad?

 

Te voy a poner un ejemplo práctico para que lo entiendas fácilmente:

Imagina que estás con un amigo, conversando tranquilamente. En un momento de la conversación dices algo, sin la más mínima mala intención (sin atisbo de crítica ni ataque en tu intencionalidad), que a tu amigo le sienta mal.

Ves su cara de disgusto, aunque no dice nada.

Automáticamente sientes la culpabilidad en tu cuerpo.

 

Si aplicases los 3 pasos anteriores, la sucesión sería ésta:

1) Abrazas tu emoción con cariño, respirando profundamente con ella.

2) Te preguntas a ti mismo/a: ¿Qué vínculo afectivo o regla interna creo haber roto?

3 – A)  Si tu respuesta interna es “Creo que acabo de romper mi vínculo con mi amigo”, tendrías que preguntarte a ti mismo: ¿Es esto cierto? ¿He hecho algo real para romper el vínculo?

En este caso es evidente que NO. Lo que ocurre es que tu amigo se ha tomando a mal lo que has dicho, y sus razones tendrá para ello (su interpretación personal de lo has dicho), pero eso no te hace responsable de su reacción.

Puedes reconfortar a tu amigo con cariño, pero tu culpa es infundada. De hecho, es más «limpio» (a nivel energético) que reconfortes a tu amigo una vez que hayas procesado y soltado tu culpa, de lo contrario podrías impregnar con la energía de la culpa tóxica tus actos y vuestra amistad, al relacionarte con él desde ahí.

3 – B)  Si tu respuesta interna es “Creo que acabo de romper mi regla interna de no harás nunca daño a nadie”, tendrías que preguntarte si esa regla es, para empezar, lógica o racional. No puedes controlar cómo reaccionan los demás a tus actos, sus reacciones dependen de sus propias interpretaciones y sus circunstancias personales. Con lo cual, no es una regla lógica, no puedes cumplirla, porque siempre habrá alguien que se sienta dolido por algo que hagas o dejes de hacer. Así que puedes cambiarla por una más realista: “Haré todo lo que esté en mi mano para no dañar a nadie, pero sabiendo que en última instancia no tengo control sobre las reacciones de la gente”.

 

Entendiendo así la culpa, ésta te puede hacer de una doble guía en tu vida cotidiana y en tu camino de crecimiento personal. Por una parte, te señala cuándo es posible que hayas roto algo, para que puedas enmendarlo. Y por otra parte, te señala tus creencias y valores limitantes que te pueden estar perjudicando en tu vida, dándote así la posibilidad de que los veas y los dejes ir.

Así que, la próxima vez que sientas culpa, recuerda que SÍ existe, que no hay nada malo en sentirla, y que si la tomas como una mensajera amiga, te puede ayudar enormemente a avanzar en tu vida y crecer como persona. Y lo mismo para todas las demás emociones.

Befriend your emotions, hazte amigo/a de tus emociones.

Si has descubierto en ti mismo/a un patrón de culpa tóxica aprendida, tal vez quieras ponerte en contacto conmigo. Sé por experiencia lo que es, y cuantísimo pesa. Te puedo acompañar con la Terapia Transpersonal en modalidad online, si te «vibra» bien lo que explico, no tengas reparo en contactar conmigo: 

¿Cuál es tu relación personal con la culpa? ¿La sientes muy a menudo? Comparte tu visión en los comentarios, ¡crezcamos juntos!

2 opiniones en “La culpa SÍ existe, y tiene una buena razón de ser”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *