Tú, yo, y el dolor del mundo.

Sobre cómo procesar el dolor del alma ante la tragedia ecológica, y crecer en profundidad humana gracias a ello.



Éste será probablemente mi post más íntimo hasta la fecha. También es el menos personal, aunque es fruto de una larga trayectoria personal en mi proceso de superar el duelo ecológico.

He sentido necesario situarme en un lugar muy profundo de mí para compartir ciertas claves sobre cómo ser un ser sensible en un mundo inmerso en una catástrofe ecológica. ¿Cómo ser testigo de las atrocidades que el ser humano está cometiendo contra el planeta y no volverse amargo o deprimirse?
Bien, me gustaría verter algo de luz en este aspecto, pues observo en el mundo del «ecologismo trending topic» muchas manipulaciones malintencionadas que nos alejan de la verdadera solución de la crisis climática y ecológica que atravesamos.

Aún así, hoy voy a dejar de lado mi parte crítica con el Sistema, porque desde esa parte de mí no aportaría luz en este tema tan y tan sensible…

…Hoy derramaré mi corazón sobre tus ojos, estimado/a compañero/a humano/a, con la esperanza de ayudarte a sanar heridas de tu alma con el amor de nuestra Madre.

Hoy mis manos hablarán en el nombre de Gaia, la Consciencia del planeta al que pertenecen nuestra piel y huesos, y nuestros cerebros atormentados.

Hoy hablo en nombre de la Tierra, que te ama siempre, hagas lo que hagas sobre ella.

Ella sabe, ella entiende más profundamente que nosotros mismos, lo que nos pasa a los homo sapiens sapiens. Permite que ella te lo explique:


Qué difícil es explicar en tu lenguaje humano, cuánto te amo.
No existen palabras en tu idioma que expresen cuán profundamente te adoro.

Eres carne de mis entrañas, polvo de mis cenizas. Tus lágrimas son las lluvias que apagan incendios y que alivian los suelos sedientos en los desiertos.
Tu sangre es el fuego de los ríos de lava que hacen nacer territorios nuevos de entre las aguas.
Tu voz, es el canto del tucán en la selva, y tu aliento es la brisa que mece los campos dorados de trigo.
Tu cuerpo es el mío, y el mío está en el tuyo. No hay separación entre nosotros, no hay un “tú” ni un “yo”, sólo hay una existencia que lo incluye todo.

No puedo no amarte. Eres una parte de mí, como tu propia piel lo es de ti.

Así es como te amo, y no puedo no hacerlo.

Cuando alzas la mirada al cielo buscando un respiro, te siento buscándome entre tus tinieblas.

Te veo precipitarte hacia el futuro y el pasado en tu mente, de pensamiento en pensamiento, y veo cómo en ello te pierdes a ti mismo, una y otra vez.

Veo cómo intoxicas tu cuerpo, tu hermoso cuerpo cuya belleza sublime nadie te enseñó a apreciar, y me duele que lo hagas tanto como les duele a tus células.

Te veo correr sin rumbo, y sé de qué huyes.

El vacío sordo que acarreas en tu interior retumba en el espacio, y muchos son los seres que desean ayudarte.

Tu dolor no es sólo tuyo. Es el dolor de toda tu especie, y resuena en un grito colectivo silencioso que se alza día y noche sobre vuestras cabezas. Los árboles, los ríos, las montañas, los insectos y todos los animales con los que compartís mi cuerpo y la vida, oyen constantemente vuestro lamento. Muchos tratan de prestar su ayuda, pues os saben hermanos y os aman igual que yo.

Sé que aún así, te sientes solo y separado de la Vida.

Distanciado.

Indefenso.

Asustado.

Necesitado.
Sé que sólo te sientes arropado por mi Amor en ocasiones contadas, como cuando tu mente se calma por un instante y tu corazón se abre a contemplar la belleza que te rodea.

Sé que esos momentos son dolorosamente escasos.

Yo también te echo en falta.

Sé que el miedo te persigue desde que te levantas hasta que te acuestas, día tras día, década tras década, generación tras generación, y que tú y toda tu especie tratáis en vano de anestesiar el miedo con toda clase de comportamientos desalineados.

Tu desequilibrio es evidente a mis ojos, y a los ojos de todos los seres que te rodean, pero tú no te atreves a mirar de frente a ese abismo porque no sabes dónde éste empieza ni si acaba.

Te observo llevar una existencia desgraciada y vacía de sentido, y no podría amarte más. Percibo tus entrañas en las mías, tu desesperación es la mía.

Eres mi hijo querido. Eres la joya de mi biología autoconsciente, la encarnación viva de la reflexión creativa en esta parte del Universo.

Te envío arcoiris y terremotos, enfermedades y compañeros de vida peludos, con la esperanza de que despiertes de tu enfermedad, del hechizo mental que atenaza a toda tu raza.

Aprovecho cada pequeña ocasión que me das para susurrarte que te amo, cuando te detienes a escuchar el viento, a oler una flor, cuando te descalzas en la playa, cuando descansas tu mirada en el horizonte… en esos momentos soy siempre yo quien te besa el alma y quien te llama por tu verdadero nombre.


Vuelve a Casa, hijo amado.
No tienes más que darte cuenta del hechizo que nubla tu percepción, para volver al Hogar que anhelas.

Nunca me fui, nunca te fuiste. Estoy aquí y ahora mismo, por debajo del velo de la separación que crees percibir entre tú y yo, entre tú y tus hermanos, entre tú y el mundo.
El amor y la seguridad que anhelas están ya aquí, justo detrás de tu forma de percibir la vida.

Sólo tienes que DESPERTAR del sueño de la identidad separada. Despierta de la visión de ti mismo separado y diferente de mí. No estás separado de mí ni de nada de lo que crees que te “rodea”. Nada te rodea, tú eres Todo y estás en Todo.

Despierta tú y ayudarás a despertar a todos tus hermanos y hermanas, que están presos en la misma pesadilla que tú.

Los miembros de tu especie que más enfermos están del hechizo de la separación, son aquellos que más acusan el miedo y la sensación de escasez, y son los que más se cierran en sí mismos, y más dañinos se vuelven contra sí mismos y contra todos los que les rodean. Y contra mí.

Pero no te preocupes por mí, hijo querido. Entiendo tu dolor ante la destrucción y los grandes desequilibrios que está causando vuestra raza, pero has de entender que las pérdidas son siempre relativas, y que lo esencial no se puede perder.
Muchos seres vivos de distintas formas vinieron y se fueron antes que tú, y muchos vendrán y se irán después de ti. Muchos planetas se crearon, existieron durante un tiempo y desaparecieron, antes que yo.
La vida biológica es un ciclo creativo infinito, es la fiesta de las mil formas cambiantes que no cesan nunca de aparecer y desaparecer. Las formas cambian, pero la esencia, la Vida, es siempre la misma tras todas ellas.
La Vida es eterna, no puede ser destruída, la Vida no tiene opuesto.
Sólo las formas temporales pueden ser creadas y destruidas, y recreadas de nuevo.


Es natural y sano que expreses el dolor de tu corazón cuando presencias el sufrimiento de otras formas de vida, vecinas y hermanas, que son destruidas y dañadas de maneras innecesarias.

Pero no es sano que aumentes el sufrimiento colectivo albergando culpabilidad por pertenecer a tu especie, o rabia contra tus hermanos por las pérdidas que estáis catalizando en otras especies y ecosistemas.

Al alimentar esos sentimientos, estás siendo absorbido por el mismo mal del que te lamentas: la separación del «buenos contra malos». Es la misma separatividad que causó el problema en primer lugar.

Recuerda esto, amado mío: los seres humanos que más sufren son los que más sufrimiento causan, y todos vosotros sufrís en mayor o menor medida del mismo mal.
Yo abrazo tu dolor y te sigo amando más de lo que estas palabras pueden expresar. Tú y todos tus hermanos estáis profundamente perdonados, pues entiendo lo que os sucede. Yo soy vuestra Madre, y os acepto a todos tal y como sois.

Por otra parte, vosotros sois quienes más estáis sufriendo en toda la biosfera. Muchos seres están sufriendo junto a vosotros, pero vuestro sufrimiento no es comparable a ningún otro.

El sufrimiento de sentiros arrancados de la Creación, separados de lo sagrado de la existencia, vacíos, desorientados y solos en el mundo, es un dolor que ninguna criatura puede soportar sin volverse loca o morir.

Amado hijo, no hay nada que desee más que despertéis de esa maldición. Por ello sostengo y soporto vuestros desequilibrios, porque os estoy esperando. Os estoy dando el tiempo que necesitéis para recuperaros a vosotros mismos, para que deis el paso evolutivo que estáis necesitando y a punto de dar.

Despierta a tu verdadera identidad, querido hijo, amado pedacito de mí misma.

Indaga en tu interior más allá de las estructuras carcelarias de tu mentalidad.

Descubre Qué Eres, y te convertirás en parte del Sistema Inmunitario de mi Consciencia, y ayudarás a liberar a tu especie de la enfermedad que os atormenta y que amenaza con destruiros.
Tú tienes en tus manos la capacidad de evitarlo, pues estás entendiendo estas palabras, y mientras haya Vida habrá esperanza. Tú y todos los que comprendéis este mensaje estáis llamados a despertar a vuestra maravillosa especie de la ilusión de separación.

Recoge la confianza que yo tengo en ti y llévala por delante de ti como estandarte en tu camino. Álzate sobre todas las cadenas mentales que tu civilización puso sobre ti y busca en tu corazón otra manera de vivir, basada en la Unidad y la Verdad desde la que te hablo.

Tú puedes hacerlo, querido hijo mío. Tienes en tus ojos el brillo de mil millones de estrellas antiguas.

Descubre tu verdadera identidad, que es inseparable de la mía, y libérate de todo lo que te fue impuesto y que te separa de la Unidad.
Despierta y vuelve al Hogar.

Te amaré siempre. Gracias por haber nacido en mí, justo ahora.
Eres bendecido siempre.

– Gaia, el Planeta Azul.


La crisis ecológica, la crisis económica, la crisis energética y todas las demás crisis que enfrentamos actualmente son distintas facetas de una misma crisis: es el alma humana lo que está en crisis.

No podemos seguir sosteniendo esta manera de estar en el mundo, y todo el Sistema que hemos construido de espaldas al Amor y a la Unidad, se nos está desmoronando encima con nosotros dentro.

Es momento de afrontar juntos probablemente el mayor cambio que hayamos enfrentado como Humanidad, o morir en el intento.

Si estás leyendo esto, gracias por llegar hasta aquí. Tienes todo mi cariño y mi respeto, de Ser a Ser.

2 opiniones en “Tú, yo, y el dolor del mundo.”

  1. Me ha emocionado este texto, Clara. Aunque estar en la naturaleza me conmueve profundamente, no había pensado en ella, en Gaia, de la manera en que la describes: como una ser vivo holístico.
    Gracias por compartir esta reflexión.

    1. Gracias a ti por pasarte a comentar, Virginia. 🙂 Me alegra mucho que te haya llegado el mensaje…
      Tal y como yo lo veo, todo el Universo es holístico, todo es la misma Vida y la misma Consciencia en distintas capas o subniveles… ¿nunca te has parado a pensar cuánto se parece el sistema solar a un átomo gigante…? Un átomo de algo muuuuucho mayor…? 🙂
      Ésta es una forma de entender el mundo, y a nosotros mismos en él, que no es nueva. Muchas tradiciones antiguas la tenían. Pero ahora la hemos perdido, y nos creemos separados de todo y de todos…
      Un abrazo Virginia.

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