El Sano Rechazo

Hay algo profundamente natural y sano en sentir aversión, incomodidad o rechazo ante ciertos comportamientos de otras personas. Sobre todo de las más cercanas.
Y no significa que por eso «seas menos espiritual», o que «te quede mucho por trabajarte».

Tal vez sí, pero tal vez no.
Déjame explicarte.

En los últimos días, varias personas en terapia han sacado el mismo tema (curiosas causalidades): el tema de la «tolerancia» y la «comprensión» como supuestas medidas de su nivel de realización espiritual y su crecimiento personal.

Me refiero a la tolerancia ante los actos de «calidad ética discutible» en personas de su familia y amigos.


Es decir, estas personas se preguntaban si su incapacidad para «no reaccionar mal» a determinados actos de gente de su círculo no sería síntoma de que no están avanzando lo suficiente en su crecimiento personal o interior.

(Esta confusión es algo que veo a menudo en este mundillo del crecimiento personal y/o espiritual.)

Tenían interiorizado el mensaje de que la madurez psicológica y espiritual se mide en cuán impasible logres ser ante los acontecimientos…
…Como una especie de Budha que sonríe cuando le escupen a la cara.

Y, si bien hay algo de cierto en esto, (porque la maduración interior de hecho suaviza la intensidad de las respuestas emocionales), ésta creencia es otro ejemplo más de las malas interpretaciones que se están fomentando en la llamada «nueva espiritualidad» (que ya funciona como una secta mundial) y en la Industria del desarrollo personal (que funciona como toda industria).
Éste es uno de los aspectos en los que coinciden la New Age con el negocio del crecimiento personal: en pretender (y conseguir) convencernos de que la meta del desarrollo interior es la ausencia de emociones, sobre todo de emociones «»»»»»»»»negativas»»»»»»»»»».

Y hay ocasiones en las que es perfectamente natural reaccionar con disgusto ante acciones de otras personas.
Como, por ejemplo y muy especialmente, cuando esas «otras personas» son seres queridos, y sus acciones tienen mala intención.

La mala intención es algo que, al parecer, sólo detectan las personas que son «demasiado sensibles». –ironía-.
Demasiado sensitivas como para no captar una intencionalidad oscura en el otro. Y demasiado sensibles como para pasarla por alto.

En realidad, cuando una persona «de nuestra tribu» hace algo con una mala intención expresa y deliberada hacia nosotros, es perfectamente natural sentir disgusto.
Aunque sea sólo una «pequeña» mala intención:

  • Como, por ejemplo, una crítica destructiva innecesaria.
  • Un intento de dinamitar uno de nuestros sueños, no por ahorrarnos un batacazo, sino para que no logremos ser más felices que ellos.
  • Un comentario sutil y estratégico, como «de broma», para poner en nuestra contra a otra persona.
  • Una falta de consideración por nuestros sentimientos, nuestras necesidades, y tiempos.
  • Una «metida de dedo» sin tacto en nuestras inseguridades íntimas.
  • Un chantaje emocional.
  • Una falsa amabilidad para conseguir algo puntual.

Podría extenderme poniendo ejemplos de «pequeñas» malas intenciones, pero creo que las personas «demasiado sensibles» que me estéis leyendo, ya me habréis entendido a estas alturas…

Hecha la introducción, vamos a la explicación en sí, de por qué es natural y sano sentir rechazo, disgusto o aversión en estos casos. Cuando algo malintencionado sucede, es totalmente normal (y hasta sano) que reaccionemos emocionalmente. Esto es así por dos motivos:

1) Por un lado, la parte animal de nosotros, formada por el cuerpo biológico y el ego/personalidad (que es el sistema operativo de nuestra máquina-cuerpo) reaccionan ante el peligro percibido.

A un nivel instintivo y primario, no hay cosa más peligrosa que que un «miembro de la tribu» se vuelva contra la propia tribu. Es el terror atávico a la traición de «uno de los nuestros».
Un miembro de la tribu que no tiene entre sus prioridades la felicidad y el bien de toda la tribu, y que comienza a actuar por motivos egoístas sin importarle las consecuencias que ello tenga sobre los demás, pone en serio peligro la supervivencia de todo el grupo.

Cuando una persona de nuestra familia extendida (familia genética, amigos, parejas, etc.) hace algo con una expresa mala intención hacia nosotros, lo que primero reacciona es nuestra parte animal. Nuestro sistema humano psico-físico detecta el peligro y reacciona.

La intensidad de esa reacción emocional (que puede ir desde el terror absoluto, pasando por la rabia desenfrenada, hasta una leve incomodidad o tensión, o una moderada sensación de rechazo) ya dependerá, ahora sí, del nivel de madurez psico-espiritual de la persona.
Pero una gran madurez interior no elimina la reacción primaria de aversión, sólo la suaviza.

2) Por otra parte, nuestra parte espiritual, llamémosle «alma», llamémosle «consciencia», llamémosle «fondo del corazón»… también reacciona a la mala intención.

Pero el alma reacciona de una manera distinta ante el Mal; el alma, que se sabe (o al menos se intuye) inmortal, no le tiene «miedo» a la mala intención ajena. El alma no está sujeta a los mismos peligros que hacen reaccionar a nuestra naturaleza primaria-animal.
El alma es eterna, no tiene miedo a morir.
…Pero al alma sí le da pena todo ello.
Nuestra parte espiritual puede reaccionar con rechazo hacia un acto malintencionado, pero no con la intensidad que imprime el miedo, sino con un disgusto que brota de un lugar más profundo.
Es el disgusto de una conciencia que expresa su profundo desacuerdo con lo que está sucediendo, por una cuestión de principios. Pero no de principios ideológicos aprendidos mentalmente.
Son los principios espirituales fundamentales los que se resienten, cuando alguien a quien tenemos en estima nos hace algo con mala intención.


En este caso, es el alma la que se disgusta.


Y esto, también es normal. Y también es signo de salud mental, no de «falta de espiritualidad».
De hecho, personalmente considero que la ausencia total de una reacción de disgusto ante determinadas atrocidades es un signo bastante claro de algún trastorno psico-emocional… de psicopatía, sociopatía, narcisismo de alto grado, o si queréis llamarlo así, de que el alma se ha apagado o se ha pasado «al lado oscuro».

…Que es lo que se pretende fomentar con toda esta manipulación de ideologías pseudo-espirituales…

Pero esto tal vez es tema para otro día…

– Clara Calderón

¿Cuál es tu experiencia en este sentido? ¿Te has visto alguna vez presionado/a a suprimir tus reacciones de disgusto por pensar que «no eran suficientemente elevadas o espirituales? Comparte tu visión, crezcamos juntos!

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