De la obligación al placer

Uno de los asuntos que más estrés e insatisfacción existencial me han generado en mi vida es la dicotomía (aparentemente) irreconciliable entre hacer las cosas “por obligación” y hacerlas “por placer”. Seguro que sabrás de qué hablo, mira a ver si te puedes ver reflejado/a:

Yo hasta hace no mucho, oscilaba siempre entre estas dos actitudes o maneras de actuar:

1) “Por obligación”, es decir, sin disfrutar de lo que estoy haciendo, quejándome internamente por “tener que” hacer lo que estaba haciendo, y evadiendo la mente hacia otros asuntos mientras mi cuerpo realizaba la tarea.

2) “Por gusto”, o sea, porque me apetece, y disfrutando la tarea, plenamente presente en cuerpo y mente, en el Ahora.

La primera actitud lleva a la saturación, el desgaste emocional y físico, y a la insatisfacción.

La segunda, lleva a una energía casi inagotable y a la felicidad sencilla de fluir con el momento.

El problema es que tendemos a asignar automáticamente una de las dos actitudes a cada tarea que realizamos, sin plantearnos que la ACTITUD que ponemos ante una tarea cualquiera es voluntaria, intercambiable, y que depende de nosotros/as cómo vivimos cada acción y cada situación.

No es factible (ni sano) eliminar todas las obligaciones de nuestra agenda. Sí podemos revisar todo lo que consideramos nuestras obligaciones e ir eliminando aquellas que sean prescindibles, pero en última instancia siempre quedarán más o menos actividades que, si las dejásemos de atender, pondríamos en riesgo nuestra salud (física y mental) o la de nuestros seres queridos. Además, una vida exclusivamente hedonista (como la que llevan algunas pocas personas con más dinero del que podrán gastar en su vida), lleva igualmente a la insatisfacción profunda, al vacío existencial. El ser humano necesita para realizarse, entre otras cosas, sentirse útil para sí mismo y también para los demás.

La única salida que yo he encontrado a esta tensión entre el “Tengo Que…” y el “Me apetece…” es

CONVERTIR LA OBLIGACIÓN EN AMOR y AGRADECIMIENTO.

¿Cómo? Siguiendo estos 5 pasos:

1)  Date siempre cuenta de cómo estás haciendo lo que haces. Primero has de notar cuándo estás realizando algo con el “chip” mental de la obligación. Esto es fácilmente detectable con un poco de atención: el cuerpo se tensa, la expresión facial es seria. No hay relajación, y si la hay, no hay alegría ni disfrute.

Y la mente, o bien no está donde está el cuerpo (los pensamientos se van a otros lugares y asuntos), o bien sí está “aquí y ahora”, pero quejándose del momento presente.

Para poder realizar este primer punto, es necesario desarrollar un nivel de atención constante, durante todo el día, sobre cómo nos sentimos y las cosas que andamos pensando. Sin este nivel de atención, las actitudes automáticas son las que dirigen nuestra vida.

Hay varias maneras de desarrollar este nivel de atención sostenida:

– la meditación zen

– el mindfulness

– llevar un diario de cuántas cosas has hecho durante el día “por obligación” y cuántas “por placer”

2)  Una vez que te has dado cuenta de que estás con el “chip” de la obligación, deténte un momento, respira profundamente una vez, y ábrete a percibir de una manera nueva lo que está sucediendo, lo que estás haciendo.

Esto no es luchar contra el “chip” de la obligación, es darse permiso para SOLTAR la actitud que te perjudica, no luchando contra ella, sino dejándola caer con la exhalación. Esta sutil diferencia es muy importante: no es “luchar contra” el chip, es rendirse y dejarlo caer.

3)  Escoge voluntaria y conscientemente cambiar la palabra “obligatorio” por “adecuado”. Es decir, puedes decirte a ti mismo/a algo parecido a lo siguiente:

No es obligatorio que haga esto: podría no hacerlo y nadie moriría en los próximos 5 minutos.

Pero es adecuado que haga esto para mi bienestar.”

 

4)  Cuando reanudes la tarea, encuentra a quién estás ayudando con ella. Busca una motivación amorosa para realizar lo que estás haciendo y hazlo con cariño. Por ejemplo:

Puede ser que, con tus actos, estés ayudando a que tu hijo pueda estudiar lo que él desee. Puede ser que estés colaborando a que tu pareja descanse media hora más. Puede ser que, con lo que estás haciendo, tu casa esté más agradable y eso contribuya a tu felicidad. O tal vez estés ayudando a sobrevivir a personas desconocidas en la otra punta del planeta.

Este 4º paso te ayuda a recordar que no estás separado/a del mundo, sino que formas parte de una cadena de causas y efectos que te conecta al resto de la humanidad y a la Totalidad.

Dedica tu tarea con AMOR a alguien, a algo, o a ti mismo/a. Si lo piensas, siempre estás beneficiando o ayudando a alguien con cada cosa que haces (a no ser que lo hagas con maldad, pero eso ya entraría en otro tema muy diferente que daría para varios posts…).

Busca en tu mente a quién o a qué le puedes dedicar la tarea, y hazla con el corazón puesto en ella.

5)  Agradece internamente a todas las personas que permitieron que tú puedas hacer lo que estás haciendo ahora. De la misma manera que tus actos están ayudando a otras personas o a ti mismo/a, tú tienes la posibilidad de estar haciendo lo que haces, gracias a los actos de otras personas (conocidas y desconocidas). Por ejemplo:

Si estás barriendo tu casa, repara en que alguna persona (probablemente en China o Taiwan) fabricó la escoba que estás usando. Puedes pensar también en los albañiles que colocaron con cuidado el suelo que ahora barres.

Si estás cocinando, piensa en la cantidad de personas que han colaborado para que tú puedas estar cocinando: varios campesinos, ganaderos, transportistas, fabricantes de cazuelas…

Si estás yendo en coche a hacer algún recado, puedes reparar en que muchas personas construyeron con esfuerzo la carretera que estás usando.

La lista es infinita. No se trata de hacer un listado exhaustivo de la cadena humana que te permitió hacer lo que estás haciendo, porque la cadena de causas y efectos es infinita hacia atrás y hacia delante; se trata simplemente de abrirse a sentir la conexión existente entre todos y Todo. Ser consciente de esta conexión trae inevitablemente el AGRADECIMIENTO.

Resumiéndolo todo en los 5 puntos:

1) Date cuenta de tu “chip” de la obligación.

2) Respira y suelta el “chip”.

3) No es obligatorio, es adecuado.

4) ¿A quién estoy ayudando?

5) ¿Quién me ha ayudado?

Y ahora, ¡a ponerlo en práctica! No te quedes sólo en la teoría, proponte ponerlo en práctica durante al menos 3 semanas, y verás cómo tu vida se va vaciando poco a poco de estrés y se llena de una sencilla alegría, la alegría de las pequeñas cosas.

Ánimo, sé perseverante, que los hábitos mentales se trascienden a base de paciencia e insistir, insistir, y más insistir…

Y si necesitas ayuda en el proceso, no dudes en ponerte en contacto conmigo. Te ayudaré encantada.

¡Feliz cambio de chip!

¿Cómo llevas tú las “obligaciones”? Comparte tu visión en los comentarios… ¡crezcamos juntos!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *